Textos

Dónde

Paula Ibarra

¿Dónde está eso que molesta?

¿Tiene lugar?

Dónde está atrapada
la mierdita esa,
la que sabes que está ahí,

justo ahí.

Está en el perímetro que te encierra.
Está en ese metro de distancia social.
Está en las manos secas por poco tocar y tanto lavarlas. Está en la mandíbula tensa o está en aquella articulación laxa que se desborda.
Está, quizás, en las piernas
incómodas de tanto
sentarte en la oficina
que inventaste en el living.
Está en los ojos cansados del brillo virtual
y en esos pensamientos
que se pasean tarde en toque de queda.

¿Está estancada en el puente de las clavículas

o se escapa por una vértebra desorientada?

¿Por dónde chorrean tus ríos hacia la gravedad?

¿Descargas el peso en tus hombros

o

en las plantas de los pies que pasean descalzas por el piso de la casa desinfectada?

¿Eres continente o contenido?

Adentro llevas aguas, vísceras, piedras y ramas

que cuidas esperando primaverar
cuando todo esto pase.
Aprovechas las horas

de prematuro sol para calentar
un pedacito de piel y

escuchas
los órganos tibios,
la respiración amplificada dentro de una mascarilla,

la saliva tragada
reverbera en tus oídos,
las rodillas bostezan
y los codos no pueden más de tantos
nuevos
usos.

¿Eres continente o contenido?

¿Cuáles son las mil maneras de caber en un lugar?
¿Cuántxs tú pueden soportar cuatro muros?
¿Cuál es el mapa que dibujaste con tus pasos puertas adentro? ¿Cuántas veces pisaste el mismo lugar sin que ésta sea una pregunta metafórica? ¿Cuánto puedes avanzar en 55 metros cuadrados en 98 días de encierro? ¿Cómo prescindir de otra piel que te regale el deslizar?
¿Cuánto es suficiente sostener?
¿Cuándo es necesario explotar?

Hay días en que no entiendes de volúmenes,
tropiezas con cosas
invisibles y sientes

que ya no cabes
en ninguna parte,
ni en el cuerpo
ni en la cama
ni en la sucia pantalla que te lleva a la otra cuando haces
una video llamada
y se cae el wifi.

¿Eres continente o contenido?

¿Cómo te retuerces, contenido?

¿Cómo te deformas, continente?

Hay una fuerza que excede tus bordes

los atraviesa, conecta, toca y mueve.

Ya no distingues entre entorno e interno

¿La piel que toca por dentro ya removió la temperatura de tus memorias?

¿La piel que toca por fuera ya sintió al otoño reírse por la ventana?

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